Historia

SÍNTESIS HISTÓRICA

Oreja y Colmenar de Oreja, nombres castellanizados de los latinos Aureliae y Apis Aureliae, fueron en la antigüedad partes de un todo, en la que Oreja era la cabeza y Colmenar un anejo. Ambos poblados son un producto de la dominación romana, si bien, numerosos hallazgos arqueológicos sitúan la derrota que Aníbal infringió a los carpetanos en el 220 a.C. por debajo de Oreja. Debe su nombre a que el asentamiento romano se hizo en la época del procónsul Scipión y del cónsul Aurelio.
Tras haber conocido el dominio de romanos, visigodos y árabes, Oreja salta de nuevo a la historia en forma de potente fortaleza árabe que finalmente fue conquistada por el emperador Alfonso VII en persona en el año 1139, hecho que tuvo amplias resonancias en las crónicas coetáneas y, sobre todo, en la interesantísima pieza histórico-legal que constituye el Fuero de Oreja, que se conserva en el Archivo Histórico Nacional.
Alfonso VIII en 1171, cedió a la Orden de Santiago, siendo maestre D. Pedro Fernández de Fuentecalada, el castillo de Oreja con su terminó y aldeas, entre ellas, el viejo Colmenar. En 1540 del señorío de Santiago pasó al de la Casa Ducal de Maqueda, y luego se integró en el de Frías, en cuyo señorío continuó hasta la abolición de estos.
Durante todo este tiempo se produjo la formación del Real Sitio de Aranjuez, que dejaron reducida a Oreja a un minúsculo poblado recostado y dormido a la sombra de su castillo. A la par su antiguo anejo, Colmenar, crecía, llegando a la división de las actuales provincias en 1833, en la que Oreja quedó con un pequeño territorio en Toledo, y Colmenar, con un extenso territorio y numeroso vecindario, en Madrid.
En 1922, Alfonso XIII concedió el título de ciudad a Colmenar de Oreja en premio a los muchos méritos contraídos a lo largo de su historia, coincidiendo con la prosperidad de su industria y la pujanza de su agricultura. Durante todo el s.XIX y cinco décadas del s.XX, fue el tercer municipio más poblado de la provincia de Madrid.

Un romance histórico....
En el asalto de Córdoba por los almorávides, en 26 de marzo de 1091, murió en la defensa de la ciudad el hijo de Motámid, rey de Sevilla que había tomado el castillo de Oreja al rey toledano Alcádir sobre el 1085. Su viuda, la princesa Zaida huyó en busca del amparo de Alfonso VI, que había conquistado Toledo, del que estaba “enamorada de oídas, que no de vistas”, ofreciéndole, si la tomaba por mujer, los castillos arrebatados por su suegro al rey toledano Alcádir, entre los que figuraba el de Oreja, de donde resulto que un romance amoroso puso a Oreja en poder de los cristianos, si bien por poco tiempo, pues la derrota de Uclés, en el 1108, devolvió a Oreja al Islam.

Una historia de caballeros...
En el año 1139, Alfonso VII puso sitio al castillo de Oreja. Los sitiados pidieron ayuda y las fuerzas que vinieron a socorrerles, al pasar por Toledo, atacaron sus defensas, siendo recriminados por la Emperatriz Dª Berenguela, que les cominó para que fueran a Oreja, donde se encontraba su esposo, Alfonso VII, para que lucharan contra él, y no contra una mujer, ante lo cual, avergonzados, se retiraron por donde vinieron, comportamiento al que luego correspondió Alfonso VII, dejando retirarse en libertad a los sitiados de Oreja hacia Calatrava.

El Fuero de Oreja vanguardista...
El fuero de Oreja, dado en Toledo el 3 de noviembre 1139, concedía importantes franquicias para alentar la repoblación de la zona, alguna tan desenfadada y hoy tan actual como esta: “Sobre todo esto, si alguno fuere al Castillo de Oreja con una mujer, ni forzada, ni casada, ni parienta, ni tomada por la fuerza y quisiera ser uno de sus pobladores, sea seguro, y el Señor de Oreja que fuere no tema recibirlo, y no responda a ningún pariente de la mujer por aquél hecho, ni el que la sedujo”.